La Argentina apeirokaliada

En estos últimos días ha tomado estado público la existencia de un video registrado por un alumno en una escuela de Villa Carlos Paz el pasado año. En el mismo se observa a la profesora del colegio “Julieta Delfino” de la citada localidad, que se dirige al alumno en estos términos: “No me forreés, porque si hay alguien que sabe forrear en esta escuela soy yo. Y no te pongas a una altura donde no te dan los talones con una persona a la que no le llegás a ningún lado. No me busques porque me vas a encontrar donde yo mejor me manejo, que es siendo una reverenda hija de…”. Y continúa: “Te estás metiendo con alguien con quien no debés meterte y con alguien que no sólo sabe jugar el juego de ser una bruja, porque lo soy, sino que lo disfruta. Sos nuevito y no tenés ni idea dónde te estás metiendo”.

Estamos hablando de una escuela, de un ámbito en el cual, se supone, la formación, el promover lo humano del hombre, debe ser la tarea esencial. Sin embargo, las palabras de la docente manifiestan una clara amenaza al alumno mediante el uso de expresiones que no son propias de un espíritu que tiene la tarea de dar forma a otros.

Qué verdadera es aquella frase que expresa que “la corrupción de los mejores es la peor forma de corrupción”. ¿No debiera, alguien que se precie de ser maestro, haber dedicado su vida al cultivo de aquello de lo que quiere hacer partícipe a sus discípulos? Lamentablemente, el caso de esta profesora no es un caso aislado: es la manifestación de una docencia que nada enseña porque hace tiempo que tiene muy poco para dar. La formación de los que debieran ser los mejores en lo que respecta a la estatura de lo humano es bochornosa. La educación, dominada por cuestiones estrictamente técnicas, ha olvidado su alma, que es como decir, ha perdido la conciencia de su finalidad esencial cual es la formación plena del hombre. Por eso no necesitamos de expertos que sólo conocen lo singular, sino de hombres de un saber universal que devuelvan a la educación a su quicio.

Fijémonos en otro detalle que es una manifestación más de la crisis terminal que estamos viviendo. Los burócratas del Ministerio de Educación, acostumbrados, en su inmensa mayoría, sólo a conjugar el verbo “cinturear”, no fijan una posición clara frente a un hecho que marca una decadencia total de la educación en nuestra patria. La misma directora del referido establecimiento, Isabel Sánchez, se ocupó de conjugar el referido verbo en primera persona singular del presente del indicativo cuando sostuvo que le había requerido a la profesora “que hiciera su descargo para elevarlo a la superioridad” y que no existía “ninguna denuncia ni de la familia ni del alumno contra la docente”. Asimismo, las declaraciones del delegado de UEPC en el Valle de Punilla, Gerardo Canónico respecto del video, pertenecen, según creo, al género surrealista: “Si no existiera el video, no hubiera llegado nada de esto a los medios ni a las autoridades de la escuela. Es una situación que incluso como docente me ha tocado vivir defendiendo a algún docente. Está terminantemente prohibido por resolución ministerial ingresar a las aulas con celulares, por lo tanto ya tenemos una cosa que nos aclara que realmente esta filmación tiene una finalidad manifiesta. El alumno que lo tenía debía ser sancionado porque tenía el celular prendido durante las horas de clases, cosa que es muy común en estos días“. Traducido en criollo: “Ojos que no ven, corazón que no siente”.

¿Qué ha sucedido con el espíritu de aquellos que debieran ser los mejores? La respuesta es muy simple: se ha corrompido. El ámbito de la educación es una clara manifestación de este espíritu que se ha echado a perder, que ya no educa ni puede guiar a nadie. Y la causa de su perdición ha comenzado cuando se le ha dado la espalda a la verdad. Sin la existencia de la verdad resulta imposible fundar valor alguno sino sólo una nada de sentido que conduce a que el alma sea dominada por las más bajas pasiones.

Una tarea primordial de la educación es la de liberar al hombre de la vulgaridad. Los griegos designaban al vocablo vulgaridad con el término griego apeirokalia que significa “falta de experiencia en cosas bellas”. La educación se preciaba de tal cuando proporcionaba esta experiencia. En nuestros días, en lugar de cultivar el espíritu para que sea capaz de admirar las cosas bellas, lo ordenamos hacia las pulsiones más bajas, hacia lo infra-humano.

¿Acaso podrá la educación actual proporcionar al hombre una experiencia en torno a las cosas bellas, cuando el pensar y la virtud están vistas como cuestiones anacrónicas? ¿Cómo pretender que lo humano del hombre se manifieste al margen del pensar y de la virtud?

Estas cuestiones esenciales no pueden ser respondidas ni por la sociología ni por la psicología, sino que exigen una fundamentación de orden filosófico, saber, éste, que está totalmente ausente del ámbito “educativo”. Hace pocos días, una Rectora de una Universidad (al menos “nominal”) dio muerte a Sócrates. Recuerdo también que en una entrevista le formulé la siguiente pregunta a una postulante para la dirección de una escuela: ¿Qué consideración le merece a Ud. la nueva ley de educación? Y me respondió: “No estoy de acuerdo porque no incluye a los mapuches”. Y le reformulé el interrogante: “Supongamos que la ley de educación se proponga sacar estúpidos en serie. ¿No le parece fantástico, para los mapuches, no estar incluidos dentro de la misma? No recibí respuesta. Evidentemente, esta señora no podía llevar a cabo reflexión alguna que trascendiese el casete que le ponen en cada congreso o encuentro al que va a buscar puntaje, en los cuales sólo cuenta una perspectiva sociologista disfrazada de sociología.

¿Cómo hace una escuela para proporcionar la experiencia en las cosas bellas cuando los que “ordenan” la educación carecen de la educación suficiente, tal como refería el destacado pensador Leo Strauss en su escrito Liberalismo antiguo y moderno?[1]. Sin la existencia de auténticos maestros, la educación argentina no podrá jamás hacer que sus habitantes tengan una mediana experiencia por las cosas bellas. Su lugar será reemplazado por una caricatura de la educación que, en lugar de elevar el alma de cada niño o joven, lo confirmará en la existencia de una vida dedicada a los negocios y a las bajas pasiones. Hokheimer y Adorno expresan las consecuencias terribles de esta auto-celebración del deseo, que consume a los seres humanos llevándolos a la muerte, por medio de estas palabras: “Es en el placer que los hombres se liberan de todo pensamiento y se evaden de la civilización”[2].

El lenguaje empleado por nuestra profesora no manifiesta precisamente el mundo de las cosas bellas, sino el mundo enlodado que corresponde a la parte más baja del alma. El esfuerzo del maestro Platón, y de todos los que como él se han ocupado de edificar lo humano del hombre, se ha movido por un camino totalmente diverso al de esta profesora. Platón ha procurado siempre que “El ojo del alma, verdaderamente enterrado en algún bárbaro cenegal, sea extraído muy dulcemente por la dialéctica y conducido hacia arriba”[3].

Incansablemente he trabajado por una verdadera reforma educativa que nos saque de este cenegal. Ojalá podamos volvernos almas nobles que sean capaces de gestar una Argentina bella y digna de ser vivida.

*

Notas

[1] Leo Strauss. Liberalismo antiguo y moderno. Bs. As., Editorial Katz, 2007, 1ª edición, p. 43.

[2] M Horkheimer, Th. Adorno. La dialectique de la raison. Fragments philosophiques. Paris, Gallimard, 1974, p. 114.

[3]República, VII, 533d.

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Clasificado en:Educación, Reflexiones

3 comentarios »

  1. Excelente.

  2. Quisiera saber el mail del autor

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  1. La Argentina apeirokaliada | Filosofía y educación

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