Hagan lío

El Papa Francisco, en su reciente visita a Brasil, instó a los jóvenes a “hacer lío” en la comunidad, tanto intra como extra-eclesial.

La llamada del Papa supone que las comunidades cristianas han dejado de hacer lío; en su lugar, estarían vehiculizando un ethos que esquiva, deliberadamente, todo conflicto o problema. Pero, ¿qué implica hacer lío en la Iglesia y en el mundo de hoy?, ¿qué posición debiera asumir un cristiano, según el Papa, para romper con el apoltronamiento eclesiástico y civil en el que los cristianos se han instalado?

El hacer lío implicaría asumir una posición centrada en un principio opuesto al que, gran parte de la Iglesia y del mundo actual, han instituido y en torno al cual han fundado la vida individual y colectiva.

La cultura actual ha decidido enclavar su apuesta en el más crudo relativismo. Este relativismo se presenta como el fundamento mismo de la democracia y es totalmente refractario y enemigo declarado de la verdad. Y es la verdad la que debiera ser el principio sobre el cual gire la vida del cristiano.

Para el cristiano, la verdad existe y tiene un nombre: Jesucristo. El cristiano no debería adherir a la lógica del consenso sustentada en la incapacidad del intelecto humano para aprehender algo permanente que se sitúa más allá de lo que cambia y que da sentido a todo lo que cambia. La verdad, para el cristiano, funda una auténtica libertad. La existencia de la misma hace posible una fe común de la Iglesia y no una vida cristiana en la que quedan totalmente separadas la esfera subjetiva de la objetiva dando paso, de esta manera, a una total subjetivización de la fe.

Lamentablemente, la praxis de la Iglesia católica actual sigue, desde ya hace bastante tiempo, los vaivenes del colapsado marxismo. Y hoy, con la desaparición del marxismo y la entronización del sociologismo, esencialmente relativista, la vida cristiana se ha dulcificado tanto que ya no tiene fuerza alguna para anunciar lo propio sino sólo para acomodarse a lo que acontece.

Este sociologismo que anida en las cabezas de los que conducen la Iglesia y de quienes son conducidos, no está en capacidad para provocar lío alguno.

La situación intra-eclesial es tan delicada que el Papa Benedicto XVI ha señalado que al comienzo del tercer milenio el cristianismo se encuentra sumido en una profunda crisis [1]. Hoy, nos dice Benedicto, encontramos en la cotidianidad eclesial un pragmatismo gris para el cual todo parece ser correcto, pero dentro del cual se produce el ocaso de la fe. Y señala dos fenómenos preocupantes: el primero de ellos es hacer extensivo el principio de la mayoría, del consenso, a la fe y a la moral. En una palabra, el intento de “democratizar” la Iglesia. Y nos advierte: “Una fe que nosotros podemos determinar y fijar no es en absoluto una fe. Y ninguna minoría tiene una razón para dejar que una mayoría le prescriba lo que ha de creer. La fe y su praxis, o vienen a nosotros procediendo del Señor por medio de la Iglesia y de sus ministerios sacramentales, o no existen en absoluto” [2]. El segundo de ellos atañe a la liturgia. La liturgia no puede modificarse a capricho. La visión pragmática de la pastoral que ha sido la consecuencia lógica del abandono de la verdad ha conducido a la tesis de la necesidad de elaborar una liturgia atrayente para la mayoría. El resultado ha sido la desacralización más completa de la liturgia que funciona como impedimento para que el hombre entre en comunión con Dios.

Lo que hemos señalado enfrenta a la Iglesia con la imperiosa necesidad de comenzar una profunda obra de formación que tenga como objeto a su clero y a su laicado: una formación que muestre al cristiano que el hombre sólo encuentra su plenitud en la Verdad y que la unión con la misma es la esencia de la vida cristiana: la Caridad.

Sin estos presupuestos, los cristianos actuales serán siendo sólo capaces de seguir profundizando el lío destructivo que se ha desatado desde ya hace tiempo dentro del seno mismo de la Iglesia Católica, pero jamás podrán ser provocadores del lío santo que tiene que ver con la proclamación valiente que sólo la Verdad puede hacer al hombre libre.

*

Notas

[1] Joseph Ratzinger. Fe, verdad y tolerancia. El cristianismo y las religiones del mundo. Salamanca, Ediciones Sígueme, 2005, p. 142.

[2] Ibidem, p. 115.

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Clasificado en:Reflexiones, Religión

4 comentarios »

  1. Excelente texto, profe. Una certera manifestación de lo que ocurre (y de lo que debiera ocurrir) en la Iglesia. Un abrazo!

  2. Estimado Dr. Lasa:
    Le podría agregar las palabras de la beata Madre Teresa:
    El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz.

    Con esa misma fe aumentada a través de la oración, se pueden además resacralizar los sacramentos para que los mismos no sean meros rituales.

    Para comenzar una profunda obra de formación, creo que hay que reestudiar teológica y filosóficamente la Verdad creída, utilizando una razón que se ordene hacia la Fe y una fe que ilumine la razón, conservando la impronta de San Anselmo “fides quaraens intellectum” y la de San Agustín “creo para entender y entiendo para creer”.

    Recuerdo que Mahatma Gandhi dijo que el cristianismo era la mejor religión, pero que los cristianos no éramos el mejor ejemplo.

    ¿Me podría ampliar sobre esa formación que tenga como objeto a su clero y a su laicado?

    Desde ya le agradezco, atte.
    Jorge

  3. Muy buena explicacion!!! a ver nos metemps en lo esencial que es lo que define…Cristo Camino Verdad y Vida!!!

  4. Habría que definir lo que significa hacer lío . Si hacer lío es no conformarse con cualquier situación de injusticia o falta a la verdad y reaccionar exigiendo la verdad y la justicia estaría perfecto , es lo que se debe hacer. Pero ese lío se ejerce a una institución , es institución depende de un gobierno o estado y ese estado si le decimos que se confiese aconfesional no nos quejemos que se defienda la verdad después . Es como elegir a un diputado o senador que no es católico y después quejarnos de que promueva leyes anticristianas !!!! Si crsito es Señor de todo , desde la Iglesia debemos tratar que que ese Señorìo sea sobre los Estados, o al menos intentarlo , la libertad religiosa no puede ser un vaslor supremo , allí nace el ralativismo y todo lo demás es consecuencia de esto. Un humilde aporte

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