Si yo fuera genio…

Si yo fuera genio...

La Presidente ha verbalizado la lógica propia de los Kirchner cuando afirmó: «No, qué voy a ser una genia, si fuera una genia haría desaparecer a algunos, como hacen los genios»[1]. Pese a los malabarismos verbales a los que luego debió recurrir para tratar de minimizar tamaña afirmación, la sentencia brotó de un modo espontáneo de lo más profundo de su alma… y además están los mismos hechos para corroborar el sentimiento que verdaderamente los anima.

¿Qué lógica ha seguido, en Argentina, la política de los Kirchner durante estos últimos seis años sino una lógica opositiva en la cual uno de los términos debe desaparecer: aut–aut (o–o) es la lógica del matrimonio Kirchner. Y de los dos términos en pugna, aquél que debe afirmarse no puede ser otro que el de la voluntad despótica de la pareja presidencial. El término que se opone a dicha voluntad tiene un destino perfectamente fijado: la desaparición. Ahora bien, esta lógica no es otra que la de la guerra, la misma que dominó la Argentina en la década de los setenta. ¿Qué ha cambiado, entonces? Aparentemente, por lo que puede observarse, nada. Quizás alguien piense que la diferencia es que en la actualidad no se recurre a las armas para hacer desaparecer al prójimo que no quiere plegar su voluntad a la del mandamás. En efecto, se apela a la descalificación pública (léase: muerte civil), al hostigamiento, a la marginación moral, etc. Pese a todo, la lógica es la misma y cuando las circunstancias lo permitan (¡Dios quiera que nunca!) podría recurrirse a cualquier tipo de medios. En el conflicto del campo, ¿no se vieron, acaso, cuadrillas armadas con elementos contundentes que defendían la Casa de Olivos y que echaron a los que en sus puertas se manifestaban en contra del gobierno?

La cuestión planteada no puede dejar de preocupar seriamente a todo argentino interesado en el bien de su patria. Resulta curioso que las expresiones de la Sra. Presidente no hayan sido repudiadas por las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, por los grupos progresistas pro–gobierno, por el INADI, etc. Quizás no condenen la lógica aut–aut (que conduce, indefectiblemente, a la anulación de uno de los términos), sino que consideren que, en algunos casos, puede justificarse atendiendo al término de que se trate. Precisamente, en el año 2003, un icono del gobierno kirchnerista, la Sra. Hebe de Bonafini, durante un discurso pronunciado en el aniversario de la muerte de los militantes piqueteros Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, incitó a los allí reunidos a iniciar la lucha armada. Y expresó: “Ya lo dijo Fidel Castro: una revolución sin armas no es revolución”. Y un año después, al referirse al Museo de la Memoria, inaugurado por el presidente Néstor Kirchner en 2004, Bonafini, tras lamentar que en el mencionado sitio no esté prevista la exhibición de los FAL –fusiles– con que sus hijos “quisieron hacer la revolución”, la conflictiva dirigente afirmó: “Siempre pensé en mis hijos como guerrilleros y revolucionarios, con un gran orgullo. Si el museo no va a mostrar cómo fue esa organización revolucionaria, las luchas que se libraron, los hechos que se realizaron, no sirve”[2]. Ya en el año 2001, la misma Sra. festejaba el atentado a las Torres Gemelas: “Sentí alegría. No voy a ser hipócrita, no me dolió para nada”[3]. Tiempo después, cuando se desarrollaba el conflicto con el campo, también pidió que se le revocase la personería jurídica a dos entidades rurales por sus reclamos y, acusando al campo de promover un golpe de estado, clamó por represión, palos y gases. Todo lo dicho es una muestra que la lógica de la guerra que, para algunos, resulta lícita cuando han determinado que el término en pugna no somete su voluntad al proyecto que ellos sustentan.

Evidentemente esta lógica no puede coexistir con un sistema democrático en el que el diálogo político debiera ser el alma que lo anime. Así como cuando el alma deja de animar al cuerpo, éste se transforma en cadáver, del mismo modo sucede con un sistema democrático cuando el diálogo deja de sustentarlo. Una prueba evidente de ello es el avasallamiento de la República por parte del actual gobierno. La República supone asumir que nadie es mago para hacer desaparecer a nadie y que todos son hombres que, no poseyendo la Verdad absoluta, la buscan conjuntamente para iluminar la vida individual y colectiva. Ésta es la vía que debe seguir la República y, para ello, es preciso no dejarse contagiar de una lógica sectaria que, permanentemente, desde la asunción del Presidente Kirchner, pretende romper toda armonía entre los argentinos. Los argentinos debemos entender, de una vez por todas, que la patria se construye desde una dialéctica et–et (y–y) y no aut–aut (o–o) como quieren los Kirchner.

*

Notas

[1] Jueves 21 de enero de 2010.

[2] Cfr. Diario La Nación, jueves 8 de abril de 2004.

[3] Cfr. http://www.perfil.com/contenidos/2008/06/26/noticia_0023.html

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1 Respuesta »

  1. Excelente análisis profesor. Lo felicito, un saludo cordial.

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