El maestro y la tarea del pensar

El Pensador

Quizás, en la tradición occidental, ninguno ha reafirmado la exigencia de la escuela, esto es, del maestro en torno a sus discípulos, como Platón. En su Carta VII señala que existen hombres que se contentan con el barniz de las opiniones, que se satisfacen sólo con aprender frases oídas de otros, sin barruntar que la verdad no se deja encerrar en secas fórmulas, sino que se exige haber frecuentado durante largo tiempo los problemas, y sólo cuando se ha convivido con ellos, «… entonces brota repentinamente la verdad en el alma, como de la chispa brota la luz, y en seguida crece por sí misma» (Platón, Carta VII, 340d). No podemos dejar de hacer mención a algunos pseudoestudios de la actualidad que se encuentran a contrapelo de las enseñanzas de Platón por cuanto en ellos se repiten fórmulas sin saber el significado de las mismas, haciendo el proceso de los mismos en un tiempo récord (la indigestión de fotocopias es harto conocida). Un producto de esta realidad fue una licenciada en Ciencias de la Educación que habiendo cursado una «Introducción a la Filosofía» y «Antropología filosófica» se creyó facultada para dictar la asignatura «Filosofía» en un profesorado. ¡Fácilmente podrán imaginarse los estragos que cometió!

A causa de la educación deficiente, señala Platón, falta el entrenamiento en la búsqueda de la verdad (Ibidem, 343e). Por ello, cree el filósofo griego, en la escuela, la presencia del maestro es fundamental. Es él quien enseña a pensar, condición de posibilidad, ésta, de una auténtica libertad, causa de la edificación de un hombre pleno y de una civilización integralmente humana.

El maestro enseña a pensar. Pero, ¿qué entendemos por «pensar»? En primer lugar habría que decir que el pensar es signo de la finitud del hombre, ya que es el mismo hombre el que se halla consciente de que media una distancia entre su interrogante y la respuesta a la que quiere llegar. La pregunta, que suscita la búsqueda, es presente; sin embargo, la respuesta a la misma, es algo que todavía no es. Pensar es, entonces, ponerse problemas los cuales nacen de la firme convicción de que la respuesta es posible de ser hallada. En este sentido, es dado afirmar que el hombre se sabe capaz de verdad y que, aun siendo una verdad parcial, humilde, tiene la fuerza de aventar toda forma de escepticismo. Pensar es asumir una entidad por parte de la mente (sea material, sea inmaterial), la cual adquiere en la mente la forma de objeto. Es decir, ya no es más dato extrínseco sino presencia objetiva. Si el pensar no fuese capaz de objetivar, de asumir de acuerdo a su naturaleza propia las cosas, no existiría el conocer. O sea que la capacidad de objetivar del pensar es la condición de posibilidad de todo conocimiento, sea religioso, político, científico, etc. Por ello, gracias a la asunción, por parte del pensar, de una entidad simple o compleja, aparece el problema que exige una respuesta. En este sentido, el pensar «hace historia» por cuanto por medio de él el hombre acrecienta su ser en lo que respecta al conocimiento de la verdad.

El poder objetivamente del pensar consiste en producir lo universal, el logos. Precisamente, todo discurso es comunicable si es portador de lo universal. De allí que la condición previa de la comunicación sea el logos. Cabe consignar que el elemento de universalidad de la forma del discurso no es el objeto del cual se habla, sino que es algo inherente al discurso mismo: es la realidad merced a la cual se habla. Esta condición de la universalidad asume, históricamente, el nombre de logos. De allí que resulte imposible todo diálogo que se pretenda llevar a cabo fuera del logos. Quitar de la existencia humana el logos, equivale declarar la imposibilidad de todo diálogo y, consecuentemente, de la historia y la cultura.

La mente humana, gracias a ese poder objetivamente que posee, es capaz de formularse problemas y de buscar respuestas a los mismos. A cada respuesta accede examinando con máximo cuidado y atención crítica todos los aspectos del problema, sus obstáculos, sus secretos, todas las salidas que su recorrido presenta, para alcanzar, finalmente, el término necesario: la solución (respuesta) al problema dado.

El hombre, por medio del pensar, aprende a hacer suyos los descubrimientos realizados, es decir, a internalizarlos, a integrarlos en la unidad espiritual que constituye su visión intelectual sobre el mundo. El hombre que piensa, pudiendo sopesar la verdad de cada cosa, está en condiciones de conducirse por sí mismo en la existencia y poner el conocimiento de la verdad al servicio del pleno desarrollo de su vida espiritual, la cual crecerá en el sentido de la verdad, en el sentido profundo de la existencia. Sólo así, usando su cabeza propia, este hombre estará en condiciones de ser plenamente libre por cuanto será capaz de ejercer el acto de ver y de obrar por sí mismo. Quien no piensa, quien asume cosas sin haberlas contemplado, sin haber ejercitado la facultad que nos cualifica en tanto hombres (la inteligencia), es alguien que repite, como un loro, frases y contenidos que otros se encargan de poner en su boca.

Esta ardua tarea del pensar no se aprende de la noche a la mañana: requiere de un largo y a veces penoso o árido ejercicio, siempre en torno a quien ha hecho del mismo su tarea existencial: el maestro. Hans Krämer, representante de la escuela platónica de Tübinga, señala que «La concepción de Platón, fundada en experiencias personales positivas y negativas, tiende a hacer comprender esto: que una comunicación eficaz, que garantice de parte de aquel que aprende una asimilación inteligente, es posible solamente recorriendo un proceso de formación espiritual que dura mucho y que se realiza en el ámbito de la oralidad dialéctica» (Hans Krämer, Platone e i fondamenti della metafísica, Milano, Vita e Pensiero, 1982, p. 100). Es la oralidad dialéctica la que permite el diálogo interior entre pregunta y respuesta y que exige, como condición de posibilidad, la presencia del «baqueano» en el manejo de aquella: el maestro.

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Clasificado en:Educación, Filosofía

2 comentarios »

  1. baqueano del cyber filosofíco!!qué maravillas y cuánto tienes para dar…que lo estaba esperando y por lo que leí muchos otros estan en la misma condición.
    Muy acertados,muy claros y profunos, a pesar, que solo nos estas dando bocaditos para fin de año, tus artículos del hombre anguila y éste último del Maestro.
    Te felicito a vos y a tus hijas y a Susana grandes aventeras de tus aventuras.
    A no aflojar .
    Un abrazo desde Salta la Linda

    • Querido Aldo: gracias por tus palabras. Te deseo a Silvia, a tus hijos y a vos una muy Feliz Navidad y un excelente año 2010. Te mando un muy fuerte abrazo y, espero que podamos encontrarnos en Salta o en Villa María. Si el encuentro fuese en Salta, no podrán faltar las riquísimas e inigualables empanadas salteñas y un rico vino.

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